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Mostrando entradas de julio, 2025

13: El territorio de la despedida

  Capítulo 13 El territorio de la despedida A veces la existencia no se quiebra —se deshilacha. Como un tapiz antiguo que pierde sus hebras una a una hasta que solo queda el bastidor desnudo, la memoria del dibujo flotando en el aire como polvo dorado. La taza que aguarda en la mesa ya no es cerámica: es un centinela de porcelana que respira, que late con un corazón minúsculo que solo yo puedo escuchar en las madrugadas cuando el silencio se vuelve tan denso que adquiere textura de terciopelo mojado. La cortina no cuelga inmóvil —tiembla con sueños propios, con conversaciones que mantiene con el viento en un idioma que dejé de comprender el día en que Ella se volvió pronombre. El futuro llegó sin anunciarse, descalzo como un ladrón que conoce cada tabla suelta del piso. No trajo promesas estridentes ni apocalipsis de fuego —solo la certeza mansa de un río que ha decidido cambiar de cauce mientras los árboles de la orilla miran sin pestañear, sabiendo que protestar sería tan inú...

12: Las cosas que no se dijeron

Capítulo 12 Las cosas que no se dijeron «Hay ocasiones en que el silencio no es ausencia, sino el único idioma capaz de nombrar lo que nos desborda. Es entonces cuando el alma deja de buscar palabras y se inclina, en cambio, hacia gestos mínimos: una mirada quieta, un suspiro suspendido en el aire, el temblor sutil de las manos. Porque hay emociones tan vastas que sólo el silencio sabe pronunciarlas sin quebrarlas.» Corrientes bajo la calma Los meses que siguieron a mi estabilización laboral transcurrieron con esa cadencia serena de las aguas que parecen inmóviles, pero guardan en su hondura corrientes impacientes. Aquel logro, gestado durante tres años de espera y zozobra, no se mostró con fanfarria, sino con la discreta dignidad de las cosas que han costado sangre sin derramarla, sudor sin presumirlo. Las calles, antes ajenas, comenzaron a saludarme con familiaridad discreta. Los árboles del parque cercano, curtidos por la paciencia de las estaciones, me recibían cada mañana co...