32 El arte de soltar
C apítulo 32 El arte de soltar Nadie nos enseña a despedirnos. Nos enseñan a llegar, a conquistar, a retener —pero no a soltar. Y sin embargo, la vida entera es un largo aprendizaje de despedidas: del vientre que nos cobijó, de los dientes que caen, de la casa donde fuimos niños, de los amigos que el tiempo dispersa como semillas al viento, de los padres que un día se vuelven fotografía y silencio. Despedirse es el oficio secreto de los vivos, el que nadie menciona en las escuelas pero que todos, tarde o temprano, debemos dominar si queremos caminar sin que el peso de lo perdido nos hunda las rodillas. Hay despedidas que anuncian su llegada con tiempo suficiente para preparar el alma —la enfermedad larga, el viaje que se aproxima, el hijo que empaca sus maletas hacia una vida propia—, y hay otras que caen como rayos en cielo despejado, sin advertencia, sin piedad, dejándonos con las palabras atragantadas en la garganta y el abrazo que nunca dimos pudriéndose entre los dedos. Am...