Entradas

16: Cuando la esperanza y el dolor bailan juntos

Capítulo 16 El invierno donde el tiempo se quebró en dos El tiempo no llegará para borrar los recuerdos, sino para ayudarte a comprender el sentido oculto de las cosas. En esa comprensión serena, descubrirás que algunas heridas no se disuelven en el olvido, sino que cicatrizan con la sabiduría que florece cuando el alma aprende, por fin, el arte delicado de soltar. El invierno llegó como una presencia viva —no como fecha en el calendario sino como decisión que tomó el aire de volverse sólido, la luz de retirarse temprano, las horas de confundirse entre sí hasta que cada día fue idéntico al anterior y al siguiente, como si alguien hubiese borrado las costuras que separan un martes de un jueves. La nieve caía lenta pero sin tregua, cubriendo las calles de Montreal con una paciencia mineral, como si supiera algo que nosotros aún no comprendíamos, como si estuviera tapando algo que debía permanecer oculto hasta que el tiempo decidiera revelarlo. A veces los edificios suspiraban por la...

15: El eco del reencuentro

  Capítulo 15 El eco del reencuentro «No recuerdo el momento exacto en que dejé de conversar con la nostalgia como si fuera mi única confidente. Solo sé que, una mañana, mientras la luz se filtraba tímidamente por la rendija de la cortina, sentí que algo en mí se abría. Entonces entendí que quizá había llegado el instante en que la esperanza, libre de miedos, aprendiera a pronunciar mi nombre con la firmeza de quien reconoce un viejo amigo.» Cuando el silencio aprende a respirar Llegué a este apartamento de la calle Bélanger como náufrago a playa desconocida, llevando en el pecho un corazón roto que latía con la obstinación de las cosas que se niegan a morir aunque deberían. La ciudad no me recibió con promesas — Montréal sabe que las promesas se las lleva el viento que baja del San Lorenzo —, pero me ofreció algo más escaso: un territorio neutral donde respirar sin explicaciones, sin el tribunal perpetuo de las miradas ajenas. El silencio, al principio punzante como aguja d...

14: Los frutos del silencio

Capítulo 14 Los frutos del silencio La lámpara parpadea tres veces antes del amanecer —siempre tres— y en ese ritual eléctrico Sombra aparece, o tal vez ha estado ahí todo el tiempo, enrollado en el espacio donde la sombra de la cortina dibuja un gato que ronronea con la cadencia exacta de la sangre bombeando en mis sienes. No pregunto. Los insomnes aprendemos a no interrogar las compañías que llegan cuando más las necesitamos. Son las cuatro y diecisiete de una madrugada sin nombre, y escribo porque la alternativa es desmoronarme en silencio —y el silencio, he descubierto, tiene dientes. Hay geografías que no figuran en los atlas. Territorios del alma donde la nostalgia no visita: habita, paga renta, conoce qué tabla del piso cruje y dónde se acumula el polvo de las promesas rotas. Montreal en invierno es una de esas cartografías imposibles: ciudad que se congela por fuera mientras hierve en sus entrañas de calefacción y anhelo, metrópolis donde los inmigrantes aprendemos que el...