31 El último trazo
Capítulo 31 El último trazo Estas pinceladas otoñales no buscan la perfección: son trazos que tiemblan, manchas de luz cansada y sombra antigua que se superponen como recuerdos que nunca aprendieron a ordenarse. Así llega la sabiduría con los años, fragmentada y contradictoria, hecha de certezas que se desmoronan como hojas secas entre los dedos y de dudas que, sin pedir permiso, se vuelven roca. No hay manual ni sendero recto, solo este avanzar a tientas entre la memoria que insiste en quedarse y el olvido que insiste en llevarse algo más. La sabiduría no es claridad, sino la capacidad de convivir con la confusión, de sostenerla sin miedo, como quien carga una linterna temblorosa y aun así sigue caminando. Sobre la repisa, el viejo reloj de péndulo —herencia de mi abuelo, que a su vez lo heredó del suyo— lleva meses detenido en las cuatro y siete de la tarde. Nadie lo ha tocado. Nadie ha cambiado sus pilas ni movido sus engranajes. Y sin embargo, algunas mañanas lo encuentro andand...